¿Quién bandea las campanas?

Con la mecanización de las campanas de la iglesia de San Martín de Tours, Grocin recupera dos costumbres casi perdidas, el tañido de las horas en el campanario y el volteo de campanas

Grocin ha mecanizado las campanas de la iglesia para voltearlas con facilidad y permitir que vuelva a haber reloj

Artículo publicado en Diario de Navarra el Jueves, 13 de marzo de 2008

GROCIN es una de esas pequeñas localidades de Tierra Estella en la que sus cerca de 50 habitantes censados se turnan para realizar las tareas que conciernen a todo el pueblo, especialmente el cuidado de la iglesia, que recae en una casa cada semana. Sin embargo, hay labores que resultan inasumibles, especialmente cuando la población no crece y empieza a envejecer.

Ese era el caso del bandeo de campanas, actividad ejercida con ahínco por los habitantes de Grocin durante años. Sin embargo, ahora pocos tenían la forma física para poder llevarla a cabo. Por eso, la parroquia ha decidido modernizarse y mecanizar las dos grandes piezas de hierro que lucen en lo alto de la torre de la iglesia de San Martín de Tours, según explica el párroco local, Simón Inza Iriarte.

Desde hace poco más de dos semanas las campanas cuentan con un mecanismo colocado por la empresa Comercial Latorre de Corella cuyos dos martillos laterales permiten una gran versatilidad de sonidos. Con la mecanización también puede realizarse el bandeo o volteo de campanas, una de las modalidades más apreciadas, que se utiliza para la misa mayor o en algunos acontecimientos y festividades.

De nuevo, el reloj

Esta mecanización ha permitido además recuperar una vieja costumbre, ya que el pueblo carece de reloj y desde tiempo inmemorial era el tañido de la campaña quien avisaba a los habitantes del paso de las horas. Esta operación se realizaba gracias a un viejo mecanismo de cuerda que dejó de funcionar hace casi 20 años, añade Celes Egurza El Busto. “Al principio se pensó en aprovechar que las campanas vuelven a dar las horas para incorporar una esfera y tener un reloj en toda regla, pero resultaba muy complicado”, justifica El Busto.

De esta forma, Grocin puede seguir teniendo el gusto de voltear campanas sin esforzarse. “Con el sistema manual eran pocas las personas que podían permitírselo”, recuerda Egurza. Una cuerda que cuelga desde el campanario hasta la nave de la iglesia ayudaba a los vecinos accionar la campana para llamar a misa. Casi nadie subía hasta arriba para completar el volteo.

La colocación del nuevo mecanismo ha costado 7.000 euros que todavía hay que sufragar. Parte se hará con los exiguos fondos de la parroquia y el resto se conseguirá en una colecta vecinal. “El campanario ha sido siempre el edificio más alto del pueblo. Por eso el redoble de campanas es como el nexo que recuerda la trascendencia a los que viven en lo terrenal”, comparó Inza.