Dietas Harvey, Atkins, Dukan y otras dietas bajas en carbohidratos

He sido una persona obesa gran parte de mi vida. Por eso entiendo lo que debió sentir William Banting, conforme intentaba varias dietas con escaso éxito y sentía sobre su salud los efectos de su obesidad. A el se debe el libro “Carta abierta sobre la corpulencia” (Letter-on-corpulence-William-Banting) en el que refleja el éxito de adoptar una dieta centrada en las proteinas, recomendada por su amigo el doctor John Harvey, tras conocer los primeros estudios sobre la diabetes. El libro se publicó en 1863 y puede considerarse el precedente de las actuales dietas hiperprotéicas más populares.

Hoy en día se conocen más los efectos de los diferentes tipos de dietas sobre la salud, y, aunque existe cierto consenso entre los nutricionistas al desaconsejar las dietas desequilibradas, lo cierto es que un elevado número de personas no consiguen que les funcionen las “dietas ideales” equibradas y de pocas calorías.

Y por eso, ante la alternativa de seguir con sobrepeso y riesgo para su salud por aspectos como la hipertensión, la hipertriglicemia o la hipercolesterolemia, prefieren arriesgarse a los potenciales efectos adversos de las dietas bajas en carbohidratos.

Al final, se coma lo que se coma, se sigue una dieta y se adoptan hábitos alimenticios. De modo que unos serán más saludables que otros. Y con control médico o sin control médico, es el propio interesado el que al final decide qué comer. En todo caso, salir de la obesidad, a ser posible de forma permanente, es beneficioso para la salud, incluso si se produce alguno de los efectos negativos que pronostican los detractores de estas dietas.

No obstante, puesto que se conocen tales efectos, es bueno adoptar todas las posibles medidas que minimicen los efectos negativos.

Estas dietas (llamadas cetogénicas) promueven el consumo preferente de alimentos proteínicos limitando los carbohidratos, y con mayor o menor tolerancia respecto a la aportación de lípidos según la dieta (Atkins los permite y Dukan no). Conforme avanza el conocimiento del organismo, de las dietas y de determinadas enfermedades (como la diabetes) se sabe mejor qué se debe hacer para favorece hábitos saludables.

Así, la dieta Dukan permite los productos lácteos (con una cierta cantidad de hidratos de carbono) y las verduras, en contraposición con la dieta Atkins.

Y hay un cierto consenso en las versiones más recientes de las dietas para permitir la aportación de fibra (por ejemplo el destacado consumo de salvado de avena de la dieta Dukan). Aunque la fibra procede mayoritariamente de alimentos ricos en hidratos de carbono, la cantidad aportada no tiene un efectos excesivo sobre los principios de la dieta (aunque retrase sus efectos), y sin embargo combate uno de los aspectos más criticados: el estreñimiento que causan estas dietas. Además se minimiza otro posible efecto adverso: la posibilidad de contraer un cáncer de colon.

También hay consenso en la recomendación de beber al menos 2 litros de agua y de caminar o hacer un ejercicio ligero al menos 20 minutos al día.

Si beber 2 litros de agua siempre es recomendable, en estas dietas en las que se desarrolla en el organismo un proceso quimico de cetosis (formación de cuerpos cetónicos) es especialmente recomendable por su efecto purificador sobre la sangre y por el estímulo al funcionamiento de los riñones para su eliminación.

Mi conclusión es que estas dietas son básicamente un método para cambiar de hábitos alimenticios y desde ese punto de vista no deberían considerarse “dietas milagro”.

También he llegado a la conclusión de que una cierta cantidad de hidratos de carbono y de grasas  en una dieta básicamente protéica no llega a producir el temido “efecto rebote” si no desvirtúa el principio general.

Y que los habitos se deben ir modificando con la idea de que formen parte de nuestro modo de vida. Y por tanto, es imprescindible que dejen algo de margen para sentirnos felices (evitando que acierte la frase “con esta dieta no sé  si viviré mas tiempo, pero sí que el tiempo que sea, se me va hacer eterno”) .

Tampoco me parece criticable su adopción sin control médico. Al fin y al cabo uno come lo que quiere y el control médico está implícito en la atención sanitaria primaria que lleva a cabo controles periódicos con análisis de sangre y orina propios de las diferentes afecciones que nos hacen visitar al médico.

En definitiva, adoptar estas dietas, son pasos en la dirección correcta: salir del tipo de hábitos alimenticios que nos han llevado a la obesidad y que han causado nuestra actual situación de riesgo para nuestra salud.

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